Cabor in a train. Kilimanjaro

Editado el 29/10/2005 por admin
Presentamos hoy un nuevo Cabor in a Train, Daniel Cabezas Zubimendi (dcabezas) nos cuenta su experiencia en el Kilimanjaro. Un excelente reportaje que sin duda merece la pena leer.

 


Esta es la historia de un viaje muy especial. Especial por esperado, casi 5 meses preparando, investigando y contando los días que quedaban para volar a Nairobi. Y especial también por que se trataba de una prueba física (y mental, como mas tarde descubririamos) que casi ninguno de nosotros había intentado antes. No eramos un grupo demasiado acostumbrado a la montaña, por decirlo de forma suave, pero el reto de subir a la mayor altura de África y Europa nos atraía muchísimo, sabiendo como sabiamos que no hacia falta tener una técnica ni preparación excepcional para hacer cima en el Uhuru Peak (5895m).
Todo llega en esta vida, y aunque las últimas semanas se hicieron interminables, finalmente estabamos en Arusha después de aterrizar ese mismo día en Nairobi, tras un viaje de tres horas en 4×4. Al día siguiente, y tras una reunión con nuestro guía, en la que nos aleccionó sobre el material necesario para el trecking, nos encontramos finalmente accediendo a la Machame Gate (1830m) rodeados de decenas de porteadores que ofrecían sus servicios y todo tipo de material de montaña de segunda mano. Aquí se juntan todos los expedicionarios que atacarán cima junto con los guías y porteadores, y la entrada del paque se convirtió en un caos brutal mientras se pesan y distribuyen las cargas, se pagan los permisos a los rangers y se prepara todo para comenzar la aventura.

Domingo 11-9-2005. Machame Gate (1830m) – Machame Hut (3005m)
El monte Kilimanjaro está compuesto por tres volcanes apagados: Kibo, Mawenzi y Shira. Juntos miden más de 60 kilómetros en la base, con el pico Uhuru como punto más alto (5895m). La ruta Machame es una de tantas que rodean la inmensa mole; no es la famosa “coca cola route”, como llaman los tanzanos a la ruta Marangu, la más sencilla y conocida de todas. A la nuestra la llaman “whisky route”, aunque juro por lo más sagrado que desconozco el motivo, y resulta ser una de las más bonitas y extensas de todas.
La primera jornada discurre a través del frondoso Bosque de la lluvia (Rain Forest), donde sigues una clara senda entre una vegetación exhuberante de helechos gigantes, plantas trepadoras y líquenes parásitos cubriendo los troncos de los cedros africanos que te dan la sensación de estar en el corazón de Africa. Pájaros invisibles gritan a tu alrededor y monos azules se mueven de vez en cuando haciéndote girar bruscamente, mientras cubres esta etapa de 5 horas con una parada intermedia para comer algo. El guía nos contó que en la espesura hay antílopes y leopardos, pero no tuvimos la fortuna de toparnos con nada mayor que los monos azules y las ardillas. Es una jornada preciosa a ritmo intencionadamente suave, con algunas rampas durillas que te empiezan a probar las piernas, pero nada serio aún.

Finalmente vas saliendo de la espesura y el bosque se abre poco a poco para dejarte ver por primera vez la imponente figura del Kibo, desafiante y rodeado de nubes.
Mientras los porteadores montaban las tiendas, nos acercamos a un alto donde se encontraba una caseta de chapa en la que habita el Ranger del parque, para estudiar el sendero que comenzaba a subir hasta perderse dentro de… las nubes. Lo juro. Toda la ascensión tuvo un aire mágico, debido según mi criterio a los paisajes irreales que nos hacian alucinar continuamente, y según el criterio de algún compañero de subida, al mal de altura.

 

 

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Lunes 12-9-2005. Machame Hut (3005m) – Shyra Hut (3810m)
El segundo día amaneció nublado, y tras empaquetar todo y zamparnos un desayuno abundante, comenzamos a subir por un sendero que discurría siguiendo pequeñas formaciones rocosas que te van subiendo y subiendo hasta mostrarte una vista fabulosa del monte Meru. Rápidamente dejas atrás las nubes y asomamos a un día radiante y azul rodeados por un espectacular mar de nubes por todas partes, dándote la sensación de estar mirando por encima del mundo.

 


El mar de nubes del cinturon de magallanes se le subió a la cabeza a mi amigo Miguel

 

Esta jornada fue de las que más me gustó, ya que tras una primera parte que terminó con una rampa muy dura justo antes de parar para comer algo, siguió por una alta landa rodeados por senecios gigantes y brezos que me alucinó. Subias, bajabas, trepabas y te descolgabas por unos riscos y senderos sobrenaturales, como si estuvieras en otro planeta. Y al final del camino el Shyra Hut (3810m), descansando a los pies del Kilimanjaro y a los de sus glaciares del lado norte. Nunca había estado tan alto en mi vida.

 


Ultimas luces del dia sobre el campamento Shira

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Martes 13-9-2005. Shyra Hut (3810m) – Barranco Hut (3950m)
“Genial, martes y trece a casi cuatromil metros”, pensé al despertar dentro de la tienda. Tercer día de subida y amanecer brutal al salir al exterior. Las nubes rodean el Kili en la dirección que debemos seguir, y la verdad es que me da igual el frío, y busco la cámara una vez más.

 


Amanece en Shira Hut

 

El paisaje de esta jornada parece lunar. Un inmenso desierto que no para de ascender, con llanuras interminables jalonadas de rocas y con el Kibo señalando el camino a todas horas, hasta que terminas en un pequeño puerto a 4410m donde nos desviamos hasta Lawa Tower (4520m), una mole de roca volcánica que merece la pena admirar.

 


Paisaje casi lunar camino de Lawa Tower

Una vez aquí comenzamos a bajar al fondo del collado del Gran Barranco, donde se recogen la mayoría de las aguas de deshielo de la cara sur del Kilimanjaro. Aquí se encuentra el siguiente campamento, Barranco Hut.
Los últimos rayos del día iluminaban el cortado que tendriamos que subir al dia siguiente, mientras las nubes se abrian un momento para insinuarnos la cima del Kibo. Increíble momento, después de una dura jornada de 6 horas de marcha.

 


El Kibo asoma mientras los últimos rayos del sol iluminan el muro del Gran Barranco

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Miércoles 14-9-2005. Barranco Hut (3950m) – Karanga Hut (3963m)
Día de aclimatación en el que escalamos el muro del Gran Barranco por senderos minúsculos y teniendo que usar las manos para trepar en numerosos pasos. Luego bajamos por el Kibo South Circuit, custodiados por los glaciares de Heim y Kersten, hasta llegar al pequeño valle de Karanga. La impresionante montaña, cada vez más cerca, se nos muestra en este campamento entre fuego y nieve. Ojalá las fotografias pudieran mostrar un poco de la fuerza de estos paisajes inolvidables.

 


Atardece en el Karanga Hut. Apenas duró unos segundos

 

Esa noche heló, y un viento brutal azotó las tiendas impidiéndonos conciliar el sueño. La mañana amaneció escarchada y despejada, y nos preparamos para otra jornada en este extraño e increíble planeta.

 


Camino de Karanga a Barafu, amanecer helado

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Jueves 15-9-2005. Karanga Hut (3963m) – Barafu Hut (4600m)
Aquí comienza lo serio. Hasta esta jornada habiamos disfrutado de un trecking en unos escenarios maravillosos con momentillos duros pero nada serio. Entre la mañana del jueves y la tarde del viernes se hacen 17 horas de marcha entre 3000 y 5895 metros.
Después de abastecernos de agua, ya que es el último punto para hacerlo hasta la cima, comenzamos la jornada con un sendero empinado al principio que se suaviza hasta llegar a la encrucijada de las rutas Mweka, Horombo y Barafu. Luego una dura rampa termina en el Barafu Hut, en la cima de la cresta de Stella. Nos encontramos a 4600 metros y la altitud se hace notar en esta loma donde la temperatura nocturna llega hasta los 8 bajo cero. Hay un viento tremendo, y tenemos una unas horas para descansar en las tiendas ya que el ataque a la cima del Uhuru empieza esta misma noche a las 11:30.

 


El Mawenzi visto desde el Barafu Hut. Esa misma noche atacariamos la cima del Kilimanjaro

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Viernes 16-9-2005. Barafu Hut (4600m) – Uhuru Peak (5895m) – Barafu hut – Mweka Hut (3090m)
Intensísima jornada de 8 horas de ascensión y 5 horas de bajada. Apenas dormimos esa tarde y cuando nos avisó el guia a las 11:30 de la noche, las caras cansadas, heladas, mostraban cierto temor a lo que se nos avecinaba. Hacía mucho frío pero no habia viento, y la luna casi llena hacía innecesarios los frontales, así que tras un cafetito y unas barritas energéticas comenzamos el ataque final al coloso de roca y nieve.
El camino comienza suave y rodeado de rocas y ceniza y caminamos despacio intentando dosificar los esfuerzos mientras la luna muestra los glaciares Rebmann y Drecken ante nuestros ojos atónitos. Esta primera parte del camino se hace fácil y agradable, pero no durará mucho. Hacia los 5400 cambia todo: el camino se complica y endurece, la luna se esconde haciéndonos ir casi a ciegas y comienza un viento helador que se nos mete en los huesos. La altitud afecta a un amigo nuestro (el que iba más fuerte sin duda durante todo el trecking!!) que debe volver al campamento acompañado por uno de los guías. Yo me siento mareado y debo hacer auténticos esfuerzos para no quedarme dormido de pie. El paso lentísimo y la altitud hacen que te adormiles y te congeles durante horas. Creo que fue más duro el esfuerzo mental que el físico, por lo menos en los dos primeros tercios de la ascensión. Una chica francesa intenta volverse, no lo soporta más, pero el guía la convence de que haga un esfuerzo, a esas alturas de la subida es más duro bajar que acabar la ascensión. Yo estoy congelado. No siento el pie izquierdo y pateo continuamente el suelo buscando calor ante las constantes paradas que hace la columna. Pasan 7 horas que parecen 7 dias, y sólo la cabezonería consigue que no desfallezcamos tan cerca del final. Comienza a amanecer y muy despacio el paisaje desolado de la cima de un 6000 se va aclarando a nuestro alrededor. La última rampa es brutal. Empinada y con tierra suelta hasta los tobillos, que hace que cada paso sea una lucha titánica, y tres de nosotros casi no lo consigen si no es por la ayuda de los guías, que tiran de los bastones arrastrándolos a la cima. La chica francesa está llorando, y es subida casi en vilo por dos porteadores los últimos metros. Yo continúo, no he llegado mal al final, pero esa última rampa me cuesta un mundo. Cuando llego finalmente al Stella Point casi me pongo a llorar. No sé explicarlo, tal vez la tensión acumulada tras 8 horas de marcha con el alma congelada, o la consecución de una meta lejanísima para nosotros o quizás la visión de mis compañeros de fatigas unos metros más abajo ayudados por los porteadores y con las caras desencajadas por el esfuerzo, pero con una determinación que me impresionó.
El caso es que allí estabamos, en Stella Point (5700m) al borde del cráter impresionante del Kilimanjaro. Tras recuperar el aliento, recorrimos a la luz del alba el camino flanqueado por inmensas torres de hielo hasta la cima del Uhuru, a 5895m, al que llegamos tras otra hora de marcha mucho más relajada con la mañana avanzada y con la sonrisa en los rostros. Coño, lo habiamos hecho!

 


Pared de los glaciares sur del Uhuru, cima del Kilimanjaro

La bajada es sencilla hasta Barafu, pero el cansancio acumulado en las piernas se deja notar, y nos echamos unas dos horas antes de continuar la bajada hasta un campamento llamado Mweka Hut a 3090m, por precaución a las alturas increíbles en las que nos hemos movido este último dia. Hay que bajar cuanto antes. Esas últimas 3 horas son duras, no por el camino en si, sino por que hemos andado 14 ó 15 horas en las últimas 36 sin apenas dormir. Mis rodillas dijeron basta.
Desgraciadamente durante este ataque final a la cima me aconsejaron no llevar la cámara (20D+10-22), ya que había que reducir al máximo el peso y la aparatosidad de esta máquina más objetivo me hicieron desistir. Nunca me arrepentiré lo bastante de esta decisión. Sólo pude hacer unas pocas fotos con una pequeña compacta que atestiguan nuestra presencia junto al manido cartel del Uhuru Peak, y esta de la pared de hielo.

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Sábado 17-9-2005. Mweka Hut (3090m) – Mweka Gate (1460m)
Esa noche dormimos como niños, casi 10 horas del tirón, y a la mañana siguiente estabamos realmente animados, y las 3 horas y media que tardamos en llegar a Mweka Gate, fueron un paseo agradable entre bromas dentro del enmarañado Bosque Lluvioso que ya nos recibió en la primera jornada. Desde aquí el 4×4 nos trasladó a Arusha, desde donde partiamos a la mañana siguiente a un Safari de 10 días por el Tarangire, el Lago Manyara, el Serengeti y el cráter del Ngorongoro.
Esta ha sido probablemente la experiencia más bonita, dura y enriquecedora de mi vida. Hemos pasado frío, cansancio, desánimo, dolores de todo tipo, sueño, mal de altura y no hemos visto una ducha en 7 dias, pero los paisajes y momentos vividos hacen que podamos decir sin duda alguna que todos esto ha merecido la pena.

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