La India, episodio 3

Editado el 26/10/2005 por rafa espada

Hoy hemos vuelto al Ganges en busca de un nuevo amanecer y para ello hemos salido a las 5.00 de la mañana. El tiempo nos ha acompañado y hemos podido ver los Gaths de un color diferente al primer día. Sobre las dos barcazas hemos observado a los fieles mientras llegaban a su cita con el río sagrado.


Por la tarde nos hemos acercado hacia el barrio viejo de Varanasi. El tráfico era insufrible pero al fin llegamos a nuestro destino. Se trata de un laberinto de pequeñas calles, que se entrecruzan infinidad de veces, son muy estrechas y en ellas se pueden encontrar personas de diferentes religiones, animales de todo tipo, etc…

La sensación de andar por esas calles es agobiante. Momentos de calor, mosquitos, excrementos, todo se une para que todos los sentidos capten ese instante.

Uno de los templos más importantes es el Golden Temple que está situado en la parte vieja de Varanasi. Solamente hemos podido verlo desde una azotea ya que las disputas entre musulmanes e hinduístas convierten el lugar en una zona “tomada” por el ejercito en la que está terminantemente prohibido sacar fotografías. El Golden Temple está justo al lado de una Mezquita, ambas separadas por una alambrada vigilada con cámaras y guardias armados.

Tras la imposibilidad de tomar fotografías de ese templo, nos hemos acercado al mayor crematorio de Varanasi situado a orillas del Ganges.

Este lugar funciona las 24 horas del día y también dan cobijo a aquellas personas que vienen a morir a esta ciudad. Morir aquí supone para los hinduístas el fin del ciclo de la reencarnación, la liberación y el paso al Nirvana.

Resulta curioso el saber que hasta los más ricos del lugar tienen que venir a pedirles el fuego a los parias, ellos son los custodios del fuego sagrado.

Tras conseguir los permisos pertinentes, hemos bajado a fotografiarlos. Es un lugar sobrecogedor, reservado únicamente a los hombres.

El aire está lleno de humo impregnado de cenizas que hacen que los ojos lloren abundantemente. Varias piras arden a nuestro alrededor mientras decenas de hombres vestidos de blanco, tal y como manda la tradición hindú, despiden a sus familiares. La cremación es un proceso largo en el cual grandes troncos de leña arden lentamente, mientras el familiar más cercano cuida de él.

Solo han sido unos momentos, pero unos momentos muy intensos que no olvidaremos jamás.




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