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Hace unos días os traíamos una reseña de “Mozambique in memorian”, el último trabajo del fotógrafo malagueño Mariano Pozo (www.marianopozo.com). Hoy os presentamos esta pequeña entrevista realizada por Bosco en la que conoceremos más cosas acerca de Mariano, alguien que cree firmemente en la fotografía como arma solidaria.

Nacido en Málaga en 1966, Mariano Pozo comienza desde muy joven en el mundo de la fotografía, de su larga trayectoria podemos destacar puntos como el haber sido redactor jefe de fotografía del Diario Málaga durante 12 años o ser fotógrafo oficial de la ACB y la Euroleague. En todo este tiempo ha colaborado con las más importantes agencias a nivel nacional como EFE o Getty Images y ha visto su trabajo publicado en un sinfín de medios como El Periódico de Cataluña, Nómadas, El Mundo, Randevu, Diario 16, ABC, El Día de Andalucía, Turismo Europeo, Andalucía Unica, Yachting World, Nuevo Basket, Gigantes, Orlando Sentinel, Viajes de National Geographic
En la actualidad es corresponsal para Málaga de AS y del semanario 7 Días Andalucía.
Pero son sus trabajos en proyectos solidarios con la fotografía como principal herramienta los que nos han llamado más la atención de Mariano. Gracias a su libro “India, una mirada interior” consiguió ayudar a todos los habitantes de Kalakar Trust en Nueva Delhi y actualmente con “Mozambique in memoriam” se ha propuesto mejorar la situación del Hospital de Chalucuane y a la Casa de Acogida María Clara en Maputo en el país africano.

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Mariano, ¿cómo comenzaste en el mundo de la fotografía?

Desde pequeño siempre veía a mi padre con su vieja Ricoh y me parecía bastante bueno en lo que hacía. Creo que la primera vez que cogí la cámara podía tener 11 o 12 años. Luego el tiempo ha volado y no hago mi vida sin una cámara conmigo. La primera vez que salté a una cancha de baloncesto fue con 15 años, recuerdo que era un partido entre el Caja de Ronda y el Joventut Sony Massana, curiosamente no había ni 500 personas viendo el partido. Desde ese momento mi afición se convirtió en profesión.

¿Destacarías a algún fotógrafo que haya podido influirte a la hora de entender la fotografía?
Como mis comienzos fotográficos estuvieron vinculados al baloncesto, los primeros profesionales que me influyeron eran de este ramo. Sin lugar a dudas fue Miguel Angel Forniés (hoy en día jefe de prensa del DKV Joventut) quien me enganchó a la fotografía de basket, tuve la suerte de conocerle en Málaga en un All Star de Primera B en Málaga y desde entonces somos grandes amigos. He tenido la suerte de tener como amigos a las personas que más he admirado en este trabajo, como Forniés o Juan Carlos Hidalgo (actualmente en la Agencia EFE).

¿Cómo conseguiste abrirte camino en el mundo profesional?
Fue un proceso natural. Estamos hablando de unos tiempos en los que la fotografía profesional era un coto más cerrado que ahora. El material era realmente caro y requería de bastantes conocimientos técnicos y posteriormente de laboratorio, etc. Lo que comenzó como un entretenimiento se fue convirtiendo en una forma de ganar dinero. Por aquel entonces, los jugadores del Caja de Ronda me compraban todas las fotografías que hacía y con 15 años era el único chaval del colegio con un sueldo más o menos fijo todos los meses.

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¿Cómo llegaste a dar a conocer tu trabajo a los medios de comunicación?
Fueron los propios jugadores los que me fueron presentando a publicaciones y periodistas y el resto un lógico fluir de acontecimientos, por supuesto a base de mucho trabajo. Yo era de los que, después de los partidos del Caja de Ronda, me iba a casa de mi abuela donde había montado un laboratorio y allí me podía pasar toda la noche hasta las siete u ocho de la mañana siguiente. Tengo que reconocer que el mundo digital me hace ahora añorar aquellas noches, el olor a químicos y las broncas de mi madre por cargarme los pantalones con el fijador.

Por lo que veo echas de menos aquella época de laboratorio, ¿qué opinas acerca de la influencia de los medios digitales en la fotografía?
La fotografía digital ha traído numerosas ventajas, pero soy de los que creen firmemente que a la larga supondrá la muerte de la profesión del fotógrafo como tal. Sinceramente creo que nos queda menos de 10 años. La fotografía digital ha prostituido la profesión, ha permitido el paso a multitud de mediocres que antes jamás hubiesen tenido posibilidades en este mundo. Hoy en día, cualquiera con una cámara digital y un uso medio de Photoshop se cree fotógrafo, el gran problema es que los medios de comunicación han entrado al trapo con estos «infiltrados» y les da cobertura a veces pseudo profesional. Me llama la atención la permisividad de nuestro colectivo. Cuando vas a un dentista, no te atiende nadie que no tenga la preparación adecuada, no puedes ejercer de abogado si no has estudiado derecho, no te permiten el intrusismo en la mayoría de las profesiones, pero en fotografía todo vale, cualquiera vende, regala y machaca el mercado sin que nadie reaccione. Resultado, cada día se nos valora menos porque cualquiera es capaz de vender o publicar una foto. Ya no se suele valorar la calidad. Yo he vivido casos de federaciones deportivas nacionales (prefiero no dar el nombre), con presupuestos estratosféricos que cuando te piden un presupuesto para un trabajo profesional concreto, al final se han decantado por el hermano del primo de un amigo que tiene una cámara digital y que regala el trabajo a cambio de un par de entradas para este o aquel partido. Como este sujeto suele tener otro trabajo y no se gana la vida con la fotografía no le preocupa reventar el mercado y destrozar el trabajo de otros profesionales serios y con años de rodaje.

¿Y a quien consideras culpable de esta situación? ¿A los medios por rebajar sus mínimos de calidad? ¿A los fotógrafos profesionales por no organizarse mediante colegios profesionales para impedir el intrusismo? ¿Crees que esta situación tendría alguna solución viable antes de que sea demasiado tarde?
Los culpables de la situación somos todos, en primer lugar los medios por permitir la ingerencia de personal no profesional solo buscando sus intereses económicos. De los fotógrafos por permitir tal nivel de intrusismo y no saber defender nuestros propios derechos. Por desgracia he oído muchas veces es que si no rebajo el precio siempre lo hará otro, ese tipo de actitudes es la que destroza el mercado. Sin querer caer en el pesimismo, yo le veo difícil solución a esta situación.

Dentro de tu trabajo diario abarcas multitud de campos fotográficos, ¿con qué tipo de fotografía de la que realizas te quedarías?
La fotografía deportiva fue mi comienzo y tengo que reconocer que me ha dado grandes satisfacciones, pero con la fotografía que me quedo sin lugar a dudas es con la de reportaje, la fotografía documental por llamarla de alguna forma. Aquella que me permite denunciar alguna situación, que es lo que acabo de hacer con el libro «Mozambique in Memorian». Es una forma de fotografía que me hace sentir vivo y fotógrafo periodista de verdad.

Incidiendo un poco en la fotografía deportiva, mucha gente piensa que los fotógrafos son unos privilegiados por poder entrar gratis a los partidos o las carreras y también por poder estar cerca de gentes que son ídolos de masas, ¿qué les dirías?
Bueno, esos son los tópicos. Eso de que somos afortunados por entrar gratis a los eventos es bastante relativo porque normalmente trabajamos cuando otros descansan y con una presión y carga de estrés por parte de nuestros respectivos medios que te impide disfrutar como lo hace cualquier aficionado. Al principio puede parecer atractivo o interesante, pero te garantizo que tampoco es fácil tratar en el día a día con los profesionales del deporte. Además de ser fotógrafo también hay que ser bastante torero porque lidias con bastantes egos que te suelen mirar por encima del hombro. Por supuesto hay de todo, no se puede generalizar, también me siento afortunado de haber conocido gente y haber hecho amistad con personajes que a muchos quitaría el sueño solo conocerlos, esa es la parte positiva. Siempre trato de ver lo bueno y en este caso, me quedo con la gente maravillosa que me ha permitido conocer mi trabajo. Curiosamente te diré que los más grandes, los personajes top que he conocido siempre ha coincidido ser personas bastante agradables y humildes. Luego está el otro profesional que sin haber empatado con nadie se cree el ombligo del mundo, estos no me interesan.
Si tuviera que destacar recuerdos de mi trayectoria profesional vinculada al baloncesto, te diría que tuve la suerte de hacer amistad con Fernando Martín después de conocerle durante un partido Lakers-Portland en Los Angeles donde fui afortunado por verle jugar. Valdemaras Chomicius, quien hoy en día es parte de mi familia al convertirnos en compadres tras apadrinar a su hija pequeña hace ahora 16 años, Arvidas Sabonis que me regaló en Lituania la primicia de su fichaje por el Real Madrid y con quien he pasado momentos inolvidables, Sharunas Marchulonis con quien tuve la suerte de entablar una sincera y duradera amistad en el preolímpico de Barcelona 92 al igual que Arturas Karnisovas con quien continúo teniendo contacto hoy en día. Kareem Abdul Jabbar a quien tuve la enorme suerte de llevar a la Alhambra de Granada en una furgoneta alquilada. Nacho Rodríguez, a quien considero mi segundo hermano, Alfonso Reyes con quien sigo pasando unos momentos únicos y ya incluso disfrutamos de los juegos de nuestros respectivos hijos. En fin, no sé, podría seguir con una interminable lista de nombres que voy a dejarme atrás y posiblemente se enfadarían si leen esta entrevista.
En definitiva, sí que me siento un afortunado, pero no por ir gratis a los partidos.

Cambiando radicalmente de tema, antes nos decías que la fotografía que más te llena es la relacionada con el reportaje social en la que puedes contar historias a través de tus fotografías, ¿cómo te planteas este tipo de trabajos? ¿Qué equipo llevas? ¿Cómo compaginas estos proyectos con tu trabajo habitual?

Este tipo de proyectos, al menos en mi caso y aunque parezca mentira, suelen ser muy improvisados. Me gusta dejarme llevar por las circunstancias y que el fluir de las situaciones vayan hablando por sí solas, pero por el momento me funciona. No preparo nada, vaya a donde vaya nunca he reservado una habitación, pero luego todo ha ido abriéndose camino. Parece irreal, pero las cosas van saliendo y jamás me he visto tirado en ningún sitio. También soy una persona que se adapta a todo y no le hago ascos a nada cuando viajo, no me importa dormir en el suelo si es necesario o en una habitación con más cucarachas que solería. Como decía antes, es en este tipo de viajes en los que me siento vivo.
Suelo llevar un equipo que me haga sentir cómodo en todas las situaciones y que más o menos cubra todas las longitudes focales, aunque al final acabo llevándome más de lo necesario.
Condicionar esta labor humanitaria al trabajo diario tampoco es fácil, pero yo lo fundamento en el respeto mutuo. Siempre he respetado muchísimo mi trabajo y jamás he dejado tirado a nadie ni dejado un trabajo sin hacer, lo que se resuelve con el mismo respeto por la otra parte y una enorme compresión y apoyo en lo que hago. Pero claro, esto no es algo que se consiga en dos días.

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Con tu libro “India, una mirada interior” conseguiste demostrar hasta que punto la fotografía puede ser una herramienta solidaria, ¿Cómo surgió todo aquello?
Pues ese proyecto nació por casualidad. A la India llegué por un viaje muy personal, acababa de salir de una difícil etapa y me fui con billete solo de ida. Allí una cosa me fue llevando a la otra, a conocer gente y finalmente acabé trabajando como voluntario en el slum (ghetto) Kalakar Trust de New Delhi. Lo que allí viví me impresionó mucho y no hacía más que darle vuelta a ver cómo podía ayudarles. Fue entonces cuando pensé en plasmar toda mi vivencia en un libro y así recaudar fondos para esta gente. Por suerte, la recaudación fue importante y se pudo realizar diferentes proyectos humanitarios. Una vez recaudado el dinero, y ante la sorpresa de las autoridades del slum, ya que nunca pensaron que aquella promesa de una tarde de abril fuese cierta, decidieron bautizar a un pequeño parque de la zona con mi nombre, «Mariano´s Garden», algo que me llena de orgullo y que me supera porque lo que yo hice fue una gota en el océano comparado con el trabajo de mucha gente que vive allí desde hace años. Siento por ellos una enorme gratitud y una especial e indestructible unión.

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Una artista de primera fila como Luz Casal decidió apoyarte para conseguir tus objetivos, cuéntanos cómo llegaste a ella.
A Luz Casal tuve la suerte de conocerla a través de mi compañero de viaje a Mozambique, Javier Souvirón, con quien le unen lazos familiares. Fue una noche de cena en un chiringuito de La Cala del Moral donde vio por primera vez mis fotos de Mozambique y donde le contamos lo que queríamos hacer. Sin conocerme y desde el minuto cero, me dijo «cuenta conmigo para lo que necesites». Poco después realizamos una sesión de fotografía durante todo un día de uno de sus conciertos y estas imágenes se vendieron a través de su página web. Gracias a este primer proyecto pudimos enviar 6.000 euros al Hospital de Chalucuane en Mozambique. La propia Luz relata la historia de nuestro primer encuentro en las Historias Solidarias de la Cruz Roja (www.historiasdeoro.org). Luz es de esas personas que te marcan, y no hablo de lo profesional que es obvio.

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”Mozambique in memoriam” es tu último trabajo, en él nos muestras la peor cara del SIDA mediante las fotografías de una serie de personas que están prácticamente condenadas a muerte. ¿Cómo fueron las condiciones de trabajo para este proyecto? ¿Qué fines tiene la recaudación del libro?
Africa siempre fue una asignatura pendiente. Curiosamente estuve a punto de irme a la guerra civil de Mozambique con la cobertura de Médicos sin Fronteras, pero al final, imprevistos de la vida me lo impidieron. Pero esta nueva oportunidad no quería dejarla pasar. Tenía ganas de verle de cerca la cara al sida en Africa y Mozambique por muchas razones era el sitio idóneo. No fue un viaje fácil, pero tengo que decir sin lugar a dudas que a nivel personal y profesional ha sido de los que marcan de por vida. Tuve la suerte de ir acompañado por Javier Souvirón, un hombre que sabe lo que es vivir una guerra africana (Angola) y es un buen conocedor de la zona y de la idiosincrasia de esta tierra. Lo peor fue ver el efecto del sida en los más desfavorecidos, los niños, la parte positiva conocer la gente desconocida que está trabajando de espaldas a la popularidad, esa gente que no sale en los telediarios y que han entregado su vida a los demás.
La recaudación íntegra de la venta del libro irá destinada al Hospital de Chalucuane y a la Casa de Acogida María Clara en Maputo, ambas en Mozambique. Por ello es fundamental la venta del mismo, que se convierta en un regalo para cualquier ocasión y que con el boca a boca se consiga agotar la edición.

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Imagino que debe ser muy difícil sacar adelante este tipo de proyectos, la financiación para la edición del libro, la distribución, la venta, etc. son obstáculos importantes, pero a pesar de todo ello, ¿animarías a otros fotógrafos a seguir tu ejemplo?
Lo de animar es relativo, esto es algo muy personal y tiene que salir desde dentro y de forma altruista. Yo creo en la fotografía como arma solidaria, pero no sé si todo el mundo es capaz de coger parte de su tiempo, irse al otro lado del mundo, vivir situaciones de riesgo alto, volver y pasar cientos de horas de trabajo dedicadas únicamente a los demás. No es nada fácil sacar estos proyectos adelante y nuevamente requiere mucho de llamar a puertas y sobre todo de que se conozca tu trayectoria. Aún así se pasan muchísimas horas buscando financiación, luego en el trabajo de creación, maquetación y por último el suplicio de la impresión. Estos no son viajes típicos o tópicos, es otro tipo de viaje, y como siempre, el hecho de tener una cámara al hombro no significa que se pueda ser capaz de hacer un trabajo de estas características. Lo que sí tengo claro en todas mis experiencias de este tipo es que siempre he recibido más de lo que he dado. La gratitud de los olvidados es infinita.

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Para finalizar, y deseándote la mejor de las fortunas con “Mozambique in memoriam”, ¿Cuáles son tus proyectos de futuro?
En principio solo me planteo la venta total de la edición de «Mozambique in Memorian», luego hay algo que me apetece hacer de nuevo en New Delhi con el padre Ravi, un hombre que está luchando por sacar adelante una casa de acogida urgente para niños en la estación de tren de la capital india. Allí llegan diariamente decenas de menores que posteriormente son víctimas de las mafias de tráfico de órganos y de la prostitución. Esto parece que será lo inmediatamente después de «Mozambique in Memorian», pero nunca se sabe, porque desde que me embarqué en esta aventura solidaria, los proyectos me están llegando solos y ya hay más cosas en Africa, Colombia (con un proyecto de los niños rescatados de la guerrilla) y algo que me atrae muchísimo de Vietnam. Iremos paso a paso.

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Entrevista realizada por Bosco