Durante los años que llevo fotografiando la naturaleza son muchas las sesiones de aguardo acumuladas y con ellas varias anécdotas y curiosidades, en esta ocasión os relato una de las más sorprendentes e inesperada para mí.
Una mañana de verano al cabo de una hora más o menos dando el sol en el aguardo el calor comienza a ser casi insoportable y hay que recurrir a aligerarse de ropa, después de realizar varias fotos a un macho de martín pescador el tiempo cambia, se nubla el cielo y el pájaro comienza a comportarse de una forma extraña, llega una y otra vez a la percha y se viene volando de frente a mi posándose en lo alto del aguardo y recorriéndolo de una esquina a otra a la vez que emitía su peculiar sonido territorial, enseguida me di cuenta que cada vez que se posaba en la percha se veía reflejado en la lente del objetivo y como es un ave muy territorial creía que estaba ante otro macho que le desafiaba y se venía volando hacia el objetivo en una actitud muy agresiva y justo antes de llegar a chocar contra la lente ascendía al aguardo y hay lo buscaba para darle su merecido (imaginar lo que él veía, otro macho que arremetía contra él de manera desafiante), lógicamente no lo encontraba y después de un breve descanso volvía a repetir la historia, me propuse la difícil tarea de intentar pillar la imagen del martín viniendo de frente al objetivo y solo me dejo intentarlo una vez, en esta ocasión la carga llego más lejos, vino en línea recta hasta llegar a arremeter contra la lente del objetivo (suerte que tenia filtro protector)

y como no conseguía dar con el contrincante se poso encima del objetivo y decidió ir a buscarlo donde fuera, ni corto ni perezoso comenzó a andar por el tele hasta introducirse en el aguardo y encaramarse en lo alto de la cámara a todo esto yo con el ojo puesto en el visor de la cámara sin atreverme a moverme para no asustarlo pero el que se asusto fui yo no es que tuviera miedo pero la sensación inesperada de tener un pájaro “chillando como un loco” con un pico puntiagudo y considerablemente largo a menos de 5 centímetros de mi ojo no es agradable y en un acto reflejo me retire para atrás, bueno pues lejos de asustarse para mi mayor sorpresa no me reconoció como una persona, (creo que al cambio de luz estaría deslumbrado y no vería bien dentro) y siguió su búsqueda se echo a volar y fue a posarse a mi cabeza, no me lo podía creer tenía un Martín pescador posado en lo alto de mi cabeza que al estar ligera de pelo me estaba clavando las uñas,

por suerte reaccione y recurrí a la cámara del móvil para dejar constancia de lo que acontecía, el ave dio un par de batidas en busca de su contrincante posándose encima de mí en varias ocasiones y dejándome sordo de los dos oídos,

en todo momento procure no asustarlo y mucho menos atraparlo, mis movimientos fueron lentos y se limitaron a la mano izquierda para hacer las fotos con el móvil,

el pájaro se movió por el habitáculo con entera libertad, solo hice 4 fotos

levante la lona del aguardo para que viera la luz y tras dejarme un “regalito caliente” en la espalda salió al exterior, todo esto a mi me pareció eterno por lo intenso del momento pero seguramente no duraría más de un minuto.
Y aquí acabo una sesión inolvidable y seguramente irrepetible para mí, desmonte el aguardo y me fui con la creencia de que a éste no volvería a hacerle una foto en la vida convencido que huiría de un aguardo como alma que lleva el diablo y con la duda de si el pájaro se habría dado cuenta de la situación real que había vivido, pues nada, una semana después estábamos de nuevo uno frente al otro tronera al medio y sin resentimientos.
Lógicamente la calidad de las fotos no es aceptable pero me he permito la licencia por aquello de documentar la acción.
Jesús Mateos
www.jesusmateos.com