Fotogenia y fisonomía (III)

Editado el 08/06/2010 por Wiggin

Por Juan Ángel Caballero | 1ª parte | 2ª parte

A pesar de que existen infinidad de normas para reconocer los rasgos más característicos de nuestros rostros, como lo constatan “el hombre de Vitrubio” que dibujó Leonardo, “el Modulor” ingeniado por Le Corbusier, “la Máscara de Belleza” ofertada por Maquardt, o los últimos avances informáticos en “el DNI facial”, los fotógrafos tenemos sencillos métodos para llegar a indagar en la asimetría del rostro humano y así descubrir las zonas menos favorecedoras del mismo modo que las más agraciadas:

a)   Estableciendo un diálogo con el actor captando cualquier aspecto reseñable. No debemos resignarnos a adoptar un papel pasivo y tendremos que aproximarnos al modelo, intentar entenderle, ponernos de parte de él, sugiriéndole diversas expresiones que estimulen su imaginación y consigan una mayor participación e interés. Aún hay quien asegura necesitar llegar a “amar” a la persona que ha de fotografiar, fruto, quizás, de esa misma búsqueda y deseo de disfrutar de lo bello. No está de más advertir que lo bello no sólo debe atribuirse a aquello que es bonito, atractivo y gracioso, sino que debe ir acompañado por otras cualidades que igualmente valoramos como lo interesante, lo agradable, lo coherente, lo verosímil, e incluso, la imperfección, la casualidad, la indeterminación, o la extravagancia.

b)   Conociendo la posición que adopta la persona cuando duerme. Parece ser que los tejidos del lado de la cara apoyada en la almohada son más alargados, haciendo más ancho ese lado. Por tanto, prueba a fotografiar del lado contrario.

c)   Fijándonos en la raya del pelo, ya que generalmente siempre enseña su mejor lado.

d)   Provocando la sonrisa de nuestro protagonista para valorar el comportamiento de los músculos faciales alrededor de la boca, tal como vimos en el primer capítulo: “Que la sonrisa te acompañe”.
Recordamos que con la edad nuestros tejidos blandos sufren elongación, y el labio superior e inferior cae enseñando los dientes inferiores en lugar de los superiores como sería lo deseable.

e)   Visualizando el rostro desde los dos ángulos de tres cuartos, eligiendo el que veas mejor.

f)   Procediendo a realizar un “test de luces”, que nos indique cuál es la mejor situación de la luz favorecedora. Para ello, usaremos una pequeña unidad de baja potencia que produzca sombras nítidas y densas, procediendo de la siguiente forma:

1er paso: El procedimiento empieza por colocar el foco en el eje de cámara dirigido hacia el busto para averiguar sus características faciales. Nuestra atención debe concentrarse en los posibles desequilibrios: desigualdad de las orejas, separación entre ojos, forma de las cejas, tamaño de la frente, nariz, orejas, maxilar y mandíbula, distancia del dorso de la nariz a la orejas, y distancia del vértice de la nariz a los labios y de éstos al mentón.

2º paso: Moveremos el foco hasta un ángulo horizontal de 45º, a ambos lados del rostro, para conocer el tipo de nariz (quebrada en la parte superior, desviada en la inferior, alargada, achatada), y el tipo de barbilla (pequeña, grande, alargada, cuadrada).
De ahí, nos desplazaremos a los 90º para averiguar qué lado de la cara es más ancho, cómo está arrugado su rostro, de qué tamaño tiene sus pestañas, así como nos fijaremos en lo sobresaliente que tienen sus labios o su mentón.

3er paso: Finalmente angularemos en sentido vertical, desde una posición cenital hasta una posición en ángulo negativo, para conocer su cabellera (clara, oscura, escasa, abundante), su frente (amplia, estrecha, prominente), sus cuencas oculares (ojos hundidos, saltones), y sus pómulos y mejillas.

La situación en el espacio de nuestro proyector, por tanto, vendrá dada por la suma de estas tres indagaciones, quedando por experimentar:

  • una luz más amplia: que provoque menor tamaño de sombra,
  • una más suave: que difumine el borde de la sombra y disminuya el contraste,
  • una tonalidad determinada: rosácea, dorada, azulada, cálida, fría.

Así que esta primera búsqueda de la fotogenia consistente en determinar los ángulos formados por las rectas: cámara- modelo y modelo- fuente de luz, fue muy utilizada por los primeros directores de fotografía hollywoodienses. Esta prueba de luces les permitía encontrar el equilibrio y la armonía del rostro de forma que no se viera ningún rasgo exagerado que contribuyese a caricaturizar a su protagonista. Actores y actrices eran encuadrados en primer plano, de hombros hacia arriba, e iluminados con una única luz principal que moldease, y una luz de relleno sin sombras que disminuyese el contraste. Oigamos las declaraciones del propio Charles Lang ASC, para darnos cuenta que el predominio del actor y la actriz como fuerza motriz de las películas, provocó el asentamiento de las bases fotogénicas de nuestra época:
“…si el decorado tenía una iluminación de 1100 lux, a ella (Marleine Dietrich en -Deseo, 1936), la iluminaba con 1200 o 1250 lux, a fin de que sobresaliera entre el resto de los personajes. Descubrí que su rostro necesitaba un tipo de iluminación completamente diferente. Una luz potente desde arriba que afirmaba sus rasgos y la embellecía. Stenberg en seguida lo percibió. Y a partir de entonces ella insistía, y decía, esa es la iluminación que me favorece, desde arriba…”

También, es interesante recoger la identificación que hace John Alton ASC sobre cada una de las partes del rostro en relación con un uso determinado de la iluminación; así distingue entre:

  • “Sparklight” que ilumina la cara.
  • “Beautylight” que ilumina el pelo.
  • “Lovelight” corresponde con el brillo de los ojos.
  • “Glamourlight” es la luz indirecta e innocua.

Quizás, estos ejemplos de fotogenia glamurosa, daban al rostro un aspecto acaramelado, hipnótico y soñador, muy adecuados para la industria cinematográfica del momento que reforzaba el mito naciente de la estrella e insistía en la materialidad de la imagen. Sin embargo, la fotogenia del rostro actual se ha humanizado y se ha contrapuesto al glamour, esforzándose en ofrecer algo más, en ser más directo, dramático y comunicativo. Ya no se trata de perseguir la belleza ideal y normativa sino de poder “distinguir la idea normal de lo bello del ideal” intentando captar todo aquello que muestre nuestra identidad según las circunstancias sociales, culturales y morales.

Fotos de: El Gaucho, Valiente, Sufinegro, Destreza, Bosco.

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