Robert Frank: “Los americanos”, en castellano tras 50 años

Editado el 27/05/2008 por nosha

Hay libros que son hitos de la historia de la fotografía. Uno de ellos es, sin duda, “The Americans”, de Robert Frank. Con motivo del cincuenta aniversario de su publicación, La Fábrica Editorial lo reedita con la peculiaridad de ser la primera vez que se hace en castellano.

Este libro cambió el fotoperiodismo, de tal modo que hay un antes y un después de él. Cuando vio la luz, la idea de “el momento decisivo” de Cartier-Bresson era la norma imperante. Pero Frank se revela huyendo de esos momentos y buscando los instantes intersticiales, aquellos en que “no pasa nada” por considerarlos más llenos de verdad y para abrir el mundo de los reportajes a la visión subjetiva y creadora del fotógrafo, que pasa a ser el verdadero “protagonista”, relegando al objeto de su foto a un segundo plano.
Es el fotógrafo el que se impone al medio y busca sus fotos y su discurso, en vez de ser un cazador que espera a que ocurra algo. Con ello, las imágenes pasaron de ser un lenguaje universal que incluso los niños podían entender a conformar un discurso complejo que requiere cierto esfuerzo por parte del observador, abriendo la puerta a las interpretaciones, o directamente a no ser capaz de entender lo que el fotógrafo nos quiere contar.

La otra gran aportación de Frank con este libro fue pasar de entender los reportajes como un grupo de fotos sueltas, con entidad individual, a fotos que han de ser entendidas como conjunto, con un orden específico, donde el aspecto emocional pasa a primer plano, y la experiencia es más literaria, por decirlo de algún modo.

Un cambio radical que en principio fue rechazado y duramente criticado. Tanto por su lenguaje como por su punto de vista.
Eran los años 50, los de la guerra fría y el ideal del sueño americano. Sin embargo la visión que ofrece Frank de los Estados Unidos es otra, pero no por ello menos real (quizá incluso más). La de las carreteras, los locales vacíos, las junkbox, los televisores, las periferias, la soledad, los políticos… y la bandera, que en muchas ocasiones tapan a las personas que salen en las imágenes.

¿Cómo se podía intentar publicar la foto de una persona a la que no se le ve la cara porque está tapada por una escalera? Si a esto unimos composiciones desequilibradas y ambíguas, imágenes movidas por estar tomadas en lugar con luz escasa o simplemente desenfocadas, obtenemos un conjunto que para muchos resultaba ininteligible. Y para colmo, ni rastro del “paraiso” americano. Por ello cuando llevó las primeras fotos a la revista Life, con la que ya publicara anteriormente, las rechazaron diciéndole que el país retratado “se parecía demasiado a Rusia“.
Los críticos aseguraban que aquello era deprimente y que no era “su América“.

Sin embargo, hubo gente que supo apreciar y entender lo que Robert Frank había logrado. Uno de los primeros fue Walker Evans, que alavó la ironía literaria y lo revelador de esa serie, que muestra lo que habitualmente no vemos, no queremos ver o simplemente los estereotipos no nos dejan ver.
Otro, Jack Kerouac, que realizó el prólogo del libro pues le parecía un magnífico poema. La generación beat sintonizó perfectamente con esas ideas de Frank del viaje, la carretera y la búsqueda personal.

Pero pese a esos apoyos, Frank no encontró ninguna revista en Estados Unidos que quisiese publicar semejante material, así que finalmente salió en formato de libro, en 1958, tras encontrar un editor en Francia.

Un año después se publico en Estados Unidos, y poco a poco, las vías anticipadas por Robert Frank cuajaron y el mundo de la fotografía se adueño de esas ideas. Abrió el camino para Diane Arbus, el imaginario de América se amplió con sus nuevos escenarios de carretera y soledades, influyó en cineastas como Wim Wenders y en innumerables fotógrafos como Mary Ellen Mark que dijo: “El libro es una inspiración para mi. Frank es un purista, es honesto y no manipula lo que ve. Es capaz de fotografiar lo que sea. Es un fotógrafo narrativo, y puedes ver lo que pasa fuera de la foto“.

En fin, que ya tenemos en castellano un libro que supuso una bocanada de libertad para el mundo de la fotografía de reportajes.

Publicado por Héctor Fdez.

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