La introducción por parte de Leica del autofoco en las cámaras fotográficas en la década de los 70 y su popularización posterior ha sido clave en la historia de la fotografía, particularmente para algunas especialidades en las que se utilizan largos teleobjetivos o se enfocan sujetos en movimiento. Pero ¿realmente sabemos cómo funciona el autofoco de nuestra cámara?

Existen dos tipos fundamentales de autofoco, llamados generalmente pasivo y activo. En el segundo tipo, cada vez más en desuso, la cámara emitía luz infrarroja o ultrasonidos y calculaba la distancia midiendo el tiempo que tardaba en volver su eco, con algunos problemas como la imposibilidad de enfocar a través de un cristal o contra un espejo.

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El autofoco pasivo, por el contrario, analiza la imagen para encontrar si está enfocada o no, y para ello hay dos métodos fundamentales: la detección de fase y el enfoque por contraste.

Curiosamente el mecanismo de autofoco por detección de fase es mucho más fácil de entender para los que venimos de la fotografía sin autofoco, porque el funcionamiento es el mismo que el de las pantallas de enfoque partido que ya no traen –al menos como opción por defecto- las cámaras. En estas pantallas de enfoque partido aparecía en el centro un pequeño disco dividido en dos mitades. Haciendo coincidir el disco con una línea de la imagen, ésta se muestra quebrada cuando está desenfocada y alineadas las dos mitades cuando el foco es perfecto. Los que utilizamos algún tiempo este sistema sabemos que es más difícil enfocar con una lente f:5.6 que con una f:2.8, y que en la oscuridad o en elementos de poco contraste es muy difícil, a veces imposible. Efectivamente son los mismos problemas que tienen los sistemas AF por detección de fase de las cámaras modernas, en los que una parte de la luz se desvía con un espejo secundario al sensor.

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También sabemos que si para enfocar no disponemos de líneas verticales debíamos girar la cámara buscando una horizontal. Los sensores de detección de fase operan del mismo modo y los hay horizontales, verticales, y los más útiles y menos frecuentes, de tipo cruzado que pueden hacerlo en ambos casos.

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El autofoco por contraste de las compactas y el modo LiveView de las SLR opera de una manera distinta. La imagen es tomada por el sensor, y una parte de ella es analizada midiendo su contraste, diferencias de luz entre píxeles cercanos. Cuanto mayor es el contraste en ese área, mejor es el foco.

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La gran ventaja de los sistema de detección de fase es que miden cuánto, y hacia dónde –delante o detrás- es el desenfoque, por lo que su corrección es más rápida. En el AF por contraste la cámara sabe que la imagen tiene un cierto contraste que se corresponde con el enfoque, pero no sabe cómo mejorarlo, haciéndolo con un método de ensayo y error más lento, aunque los avances en esto se ven cada día y la diferencia cada vez es menor.