Grandes Fotógrafos: Julia Margaret Cameron

Editado el 22/06/2006 por admin

Este es el primero de una serie de artículos sobre fotógrafos cuya importancia radica en haber abierto nuevos caminos, influenciando a fotógrafos. Por tanto, no buscaré buenos fotógrafos sin más, sino aquellos que tuvieron algo nuevo que decir, o que lo dijeron de otro modo. En algunos casos estas nuevas formas de ver o de entender la fotografía fueron rápidamente asimiladas y reconocidas. En otros casos el proceso fue más lento y debieron enfrentarse a las duras críticas adversas de la prensa especializada de su época.

No pretendo hacer ningún estudio exhaustivo del mundo fotográfico, en tanto en cuanto dejaré fuera a muchos grandes fotógrafos que hicieron evolucionar el lenguaje fotográfico; pero lo que si intentaré es llevar un cierto orden cronológico.

En sucesivas entregas presentaré la obra de autores como Rodchenko, Weegee, Minor White, Bill Brandt, Robert Frank, William Klein, Duane Michals o Philip Lorca diCorcia. (la lista aún no está ni muy meditada ni cerrada).

JULIA MARGARET CAMERON (1815-1878).

Hoy en día es tenida por una de las grandes figuras de la fotografía victoriana, sin embargo, en su momento la crítica dijo de ella cosas como que “pese a algunos grandes retratos, en conjunto, su obra es repulsiva y algunos de esos retratos valdrían por si mismos ante cualquier tribunal para condenar a sus modelos por maleantes y vagabundos” (Photographic News, 1868).

Julia Margaret Cameron no empezó a hacer fotos hasta la edad de 48 años en que su familia le regala una cámara “para que se divirtiese”. Y no sólo se divirtió sino que se enganchó de tal modo, que incluso su hijo dijo lamentar verla tan a menudo vestida con ropa de trabajo y oliendo siempre a los químicos del laboratorio. Es de suponer que en la rígida sociedad victoriana no se debía entender muy bien que una mujer “respetable” se comportase de aquel modo, aunque esto no deja de ser poco más que una anécdota en lo que se refiere a por qué fue tan duramente criticada. El motivo fundamental es que hizo todo (o casi todo) lo contrario a lo que sus contemporáneos hacían, fotográficamente hablando.

Es la época en que la corriente academicista triunfa. Los fotógrafos intentan buscar reconocimiento imitando a los pintores prerrafaelistas. Retratos aduladores, alegorías religiosas y morales, recreaciones de personajes legendarios, etc…

Julia Margaret Cameron no es ajena a esta moda y su obra se podría dividir en 3 grupos. Por un lado las fotos alegóricas, con temas mitológicos, artúricos o bíblicos; por otro los retratos de personas ilustres (amigos o conocidos de la familia); y finalmente los retratos femeninos de sus allegadas, amigas y sirvientas.

Cameron aborda las obras alegóricas con un desinterés inusual por el fondo, simplificando las escenas y huyendo del abigarramiento. Tampoco recurre a los montajes, salvo contadas excepciones, o a los fondos pintados, como hacían muchos. Las dos obras más conocidas y representativas del academicismo son “two ways of life”, que Rejlander compuso a partir de una treintena de negativos; y “fading away” realizada por Peach Robinson uniendo 5 negativos.


Two Ways of Life. Rejlander, 1858.

Fading Away. Henry Peach Robinson, 1858
Nada que ver con la economía de medios que emplea Margaret Cameron.


Julia Margaret Cameron. El rey Lear y sus 3 hijas. 1872
Sin embargo, lo que hizo entrar a Margaret Cameron en la historia de la fotografía son sus otras fotos, sus retratos, que es donde alcanza sus mejores resultados.

En sus fotos de personalidades busca retratos épicos, poderosos, que dejen ver todo lo que de especial hay en esas personas, su grandeza, su obstinación, incluso su predestinación, pero todo ello sin recurrir a teatralidades externas. Sólo luz, atmósfera y rostro. Retratos que transmiten, más que retratos que describen, que es lo que hacían la mayoría. Sus personajes nunca sonríen y poseen un brillo en los ojos que les infunde vida, fuerza. Al centrarse en sus rostros despreciando el detalle de sus ropas, los hace más atemporales. Busca la fuerza expresiva que confieren unos rostros que emergen desde las sombras.


Sir John Herschel
Sir Henry Tylor


Charles Darwin

En los retratos femeninos al no estar tan atada a la imagen pública que representan los hombres, ya que la mujer de la sociedad victoriana está relegada a un segundo plano, es donde demuestra mayor libertad, haciendo posar a las modelos de manera menos rígida, menos solemne; sin que por ello dejen de posar, ya sea representando actitudes melancólicas, poses al estilo romántico, etc… Aquí tampoco busca retratos descriptivos y liberada de esa imagen pública del personaje, se dedica a fotografiar lo que ella ve en cada persona, lo que le inspira. Así hace fotos de amigas y sirvientas como si fuesen la representación del amor, o en el papel de María Magdalena, o una ninfa… Pero con su minimalista puesta en escena y sus planos cerrados, el motivo es lo de menos, ya que lo que se aprecia son unos retratos atmosféricos, intemporales, alejados de la realidad, en ocasiones etéreos. Figuras puras y melancólicas contra fondos imprecisos.


“The Mountain Nymph Sweet Liberty”


“Mary Mother”


“Mrs. Herbert Duckworth as Julia Jackson”

Así pues, los temas tratados por Julia Margaret Cameron son los mismos que abordaron muchos otros de sus contemporáneos, pero su visión, su experimentación formal es la que la hizo destacar y pasar a la historia de la fotografía.

En esa época, en cuanto a retrato, lo que se estilaba era fotos de pequeño formato de plano medio o cuerpo entero con profusión en el detalle, estableciendo el estatus social del retratado tanto por la ropa como por el entorno y pose, recurso indiscriminado del retoque para suavizar las facciones, a menudo se recurría a fondos pintados con motivos florares y arquitectónicos.


Rejlander, 1870
Estaba muy de moda lo que llamaban tarjetas de visita. Pequeñas fotos donde el retratado pretendía reflejar su idealizada posición dentro de la sociedad, con poses artificiosas o en el mejor de los casos asépticas. Uno de los mayores exponentes de este tipo de fotos era el francés Disderi.

La aproximación de Margaret Cameron al tema no podría ser más dispar. Para empezar, la cámara que le regalaron estaba pensada para paisaje (30x25cm al principio y posteriormente 30x38cm). La focal empleada también era más larga de lo habitual y le permitía centrarse en lo que le interesaba: las cabezas, los primeros planos.

Pero las diferencias no venían marcadas únicamente por cuestiones técnicas, sino también por lo que se quería lograr estéticamente. Su inspiración viene marcada por el romanticismo inglés. Pintores mucho menos interesados en la definición de la línea que sus colegas del romanticismo francés. La luz que ella busca es la de Rembrandt. Los claroscuros, las figuras que salen hacia la luz, los fondos oscuros y sin definición, los sfumattos al modo de Leonardo.


Rembrandt. Autorretrato (1642).
Retrato de Henrry Taylor por J.M.Cameron

Para el control de la luz, es asesorada por su amigo, el pintor G.F.Watts, que le enseña a modelarla tapando casi todas las fuentes y dejando solo aquellas que inciden donde ella quiere.

Pero quizá el aspecto más recurrentemente criticado de su obra, por fácil, es el desenfoque. Muchos de sus retratos están fuera de foco, por expreso deseo de su autora, que reconocía que la primera vez fue casual, pero que el resultado le gustó tanto que decidió emplearlo como recurso. En un momento en que todos los fotógrafos se esmeraban en obtener la máxima definición, ella decía que iba moviendo el enfoque hasta que veía la escena como le gustaba, y si ese punto no coincidía con el lugar de mayor nitidez, no importaba lo más mínimo. De hecho llegó a afirmar: “¿qué es el foco y quien tiene derecho para afirmar cual es el más legítimo?”

Lo cierto es que todo ayudó a que Julia Margaret Cameron experimentase con esta estética de fotos etéreas, desenfocadas y con bordes imprecisos. El objetivo que empleaba al principio tenía un diafragma fijo de f3,6, por lo que la profundidad de campo era mínima y no podía controlarla. La cobertura del objetivo no cubría todo el negativo, por lo que en los bordes bajaba la calidad produciendo el sfumatto que Cameron deseaba emular. La poca luz empleada la obligaba a recurrir a tiempos de exposición muy largos (entre 7 y 20 minutos según algunos autores), por lo que es lógico que muchos modelos saliesen levemente movidos, ya que además se negaba a usar los armazones que empleaban antes los daguerrotipistas para fijar la posición de los retratados.<

Su estilo le valió un montón de críticas. Desde las más duras:

La señora Cameron exhibe su serie de retratos desenfocados de celebridades. Debemos darle a esta señora el beneficio de la originalidad, pero a expensas de cualquier otra cualidad fotográfica”

The Photographic Journal, el 15 de febrero de 1865.

Hasta algunas algo más condescendientes, que apreciaban la fuerza plástica de sus retratos, pero que los veían fallidos por falta de pericia técnica, sin lograr entender que pudiese ser una opción legítima.

“Admirable, expresivo y vigoroso, pero terriblemente opuesto a las propiedades y convenciones fotográficas”, dijo Thomas Sutton. O los comentarios de su amigo Lewis Carroll, que no podía entender que ella hablase de sus fotos desenfocadas como hallazgos artísticos, cuando el a lo sumo las veía pintorescas.

Bien es cierto que también tuvo algunas buenas críticas, pero estas fueron las menos y generalmente procedentes del extranjero:

“Nadie ha capturado y usado los rayos del sol como usted lo ha hecho. Me postro a sus pies”. Victor Hugo.<

Y habría de ser también un extranjero el que sacara del olvido la obra de Julia Margaret Cameron un par de décadas después. Stieglitz la recupero, admirado como estaba por esos retratos, precursores del pictorialismo que a principios del siglo XX se está apoderando del mundo de la fotografía. Vio en esa obra muchas cosas que él pregonaba al inicio de su andadura fotográfica, como la preponderancia de la visión artística sobre las cuestiones técnicas. El recurso al claroscuro. La no sujeción a la literalidad descriptiva de la imagen.

…Y el desenfoque como medio expresivo se extendió, hasta el punto de fabricarse objetivos de foco “suave”.

Durante un tiempo eso fue la moda, la norma, entre los que aspiraban a realizar fotografía “artística”.


Alvin Langdon Coburn fotografiado por Alfred Stieglitz. 1905
Texto: ©Héctor Fernández

Todas las fotos de Julia Margaret Cameron, así como las de Rejlander, Stieglitz y Peach Robinson están redireccionadas a la web de la George Eastman House, para un uso divulgativo y no comercial. http://www.geh.org

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