Prueba Nikon D200

Editado el 28/12/2005 por admin

En el mundo real (II)

Nuestra unidad tampoco ha tenido ningún problema al resolver situaciones tan complicadas como la siguiente, donde toda la atmósfera reverbera y es tan sencillo que las cámaras realicen una medición incorrecta de la exposición al tener toda la fotografía tonos muy uniformes. Sin embargo, el histograma ha sido perfectamente ajustado a la derecha por la propia máquina:

Después de realizar y analizar muchas fotografías sólo podemos felicitar a Nikon por el trabajo realizado con esta cámara. Por un precio que ronda los 1700€ se ofrece una máquina plagada de virtudes. En primer lugar, hay que reseñar la excelente fabricación y ergonomía del cuerpo. La cámara es muy robusta y está construída prestando atención a los detalles, ya que prácticamente no se ha descuidado ningún aspecto y los pequeños puntos en contra (como el que la batería se atasque un poco de vez en cuando o que su autonomía sea escasa) no pueden en ningún momento empañar la buena impresión general que ofrece el aparato cuando se valoran otras variables como la presencia de las juntas de sellado, la construcción en magnesio, o los dos excelentes monitores que equipa. Recordemos, eso sí, que el manejo se hace preferentemente en base al conjunto de conmutadores que recubren la máquina más que a través de los menús de la misma, que por otra parte se muestran algo perezosos. Es una forma de trabajo que, como comentábamos, agradará a unos y disgustará a otros, pero que en cualquier caso obligará al usuario a conocer su unidad más o menos bien.

La D200 además ofrece toda una serie de aspectos muy innovadores: su excelente sistema de autofocus tan versátil y configurable, con definición de áreas de enfoque anchas o estrechas (aunque los puntos de enfoque son escasos); el magnífico visor; la presencia del pequeño flash incorporado en una máquina de esta gama… y no podemos olvidar que la medición matricial de Nikon se comporta extraordinariamente, siendo de las mejores de su clase. El balance de blancos, eso sí, falla un poco en determinadas situaciones comprometidas, nada grave, si tiramos en RAW.

En términos estrictos de calidad de imagen la respuesta es intachable hasta ISO400. El rango dinámico es muy amplio y ya no existen los antiguos problemas de moiré. A ISO800 el ruido es bastante apreciable, aunque no resulta exagerado, y en nuestros NEFs la corrección vía software ha resultado sencilla y eficaz. Sin embargo, a partir de este nivel de sensibilidad el aparato ya no ofrece buenos resultados y se aleja de algunos de sus competidores. Por otra parte, la nueva cámara es capaz de conseguir un muy buen nivel de detalle, aún sin enfocar los RAWs vía software. La reproducción de color la hemos encontrado igualmente muy correcta y, al igual que con otras Nikon, hemos observado que las fotografías salen ya bastante terminadas, aunque sin exceso de saturación, lo cual es bueno para poder realizar posteriormente el ajuste a nuestro gusto. No hemos podido realizar largas exposiciones de más de 30 segundos al carecer de cable disparador, pero al menos dentro de este intervalo de tiempo los resultados han sido plenamente satisfactorios.

En resumen, Nikon ha fabricado una excelente cámara y a un precio nada descabellado teniendo en cuenta todo lo que ofrece. Es una gran noticia para los usuarios de la marca y también debería ser un revulsivo para Canon, que tendría que empezar a cuidar algunos aspectos que tiene muy olvidados, más allá de la calidad de imagen, en sus próximos lanzamientos.

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